viernes, 23 de diciembre de 2016

PETRICOR

No me gusta como suena esta palabra, nunca podría ser mi palabra favorita. 
Pero me representa más que ninguna otra.
El olor a tierra mojada.

He leído hace poco que tenemos que encontrar nuestro elemento de la creatividad.
Aquel que nos hace felices, aquel que nos lleva a crear.
El mío, sin dudarlo ni medio segundo, es el agua.

Me encanta, me apasiona, desde siempre.

Todos mis mejores momentos están relacionados con ella.
Los más intensos, y en los que he sentido más paz.

Como esos días de playa tan tranquilos y apacibles, y a la vez tan inolvidables.
Con la tierra que se te queda hasta en el más pequeño recoveco de tu agotado cuerpo (porque ya sabes, aunque vayas a tumbarte a la bartola, la playa cansa).
Con el pelo enredado, pero qué precioso es ese enredo.

Una cosa que, particularmente me parece muy especial, es pasear cuando hay lluvia.
A veces, parece que en las ciudades no haya tierra, no hay naturaleza, es todo cemento y cristal.
Pero, los días de lluvia, aunque estés en el mismo centro de Barcelona, la calle huele a tierra mojada.

Es como si la tierra nos quisiese gritar que está viva. Más viva que nunca.

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