viernes, 28 de octubre de 2016

¿Puedes vivir con esto?

¿Puedes vivir con esto?

¿Puedo vivir con esto?

¿Quiero?


Sea cual sea el "esto", creo que lo importante es el porqué.
¿Puedo vivir con esto porque te quiero? ¿O no puedo porque me quiero?
¿Me lo preguntas porque me quieres? ¿O porque no?

Todos hemos hecho esa pregunta, directa o indirectamente. 

Yo recuerdo casi todas las veces, porque odio esa pregunta. 
Me suena a ultimátum.
Es como si en realidad dijeras "¿Puedes vivir con esto o vas a vivir sin mí?

Supongo que la respuesta es ¿tú vivirías con esto?
¿Vivirías con esto? 
¿Es algo que me va a hacer bien?

Y creo que ya lo sé. 
Sé que no me pedirías algo que no quisieras para ti. 
Así que ya sabes la respuesta. 













viernes, 14 de octubre de 2016

Mi lista de deseos

Si encontraséis una lámpara dorada, con un genio irlandés dentro, ¿qué le pediríais?

Seguramente le pediríais tiempo. Tiempo para pensar que pedir, tiempo para vivir más, tiempo para aprender a vivir mejor.

Yo he estado pensando muy profundamente sobre qué pediría a ese genio. Y creo que tengo dos listas.

Por un lado, tengo la lista del Universo. Todos los deseos de esa lista también me afectarían a mí directamente, pero para pedirlos hay que cambiar el foco habitual de atención, hay que abrir las miras (y también la mente). En esa lista habrían cosas como que todo el mundo fuese una buena persona, acabar con el hambre, evitar desastres naturales o poder prevenirlos...

En cambio, todos tenemos una lista de cosas que anhelamos y que estamos convencidos de que nos harían felices (a veces con razón y otras veces con esperanza). En mi lista hay deseos inmateriales, vitales, pero también hay una serie de cosas materiales, cosas que simplemente son cosas.

Ahí va:


  1. Me gustaría poder vivir en un lugar donde siempre hiciese calor y que estuviese frente a la playa, para poder pasar en remojo el máximo tiempo posible. 
  2. Me gustaría tener un trabajo que me apasionase, para poder sentirme realizada con él. Que además me permitiese tener tiempo libre.
  3. Me gustaría que todos mis amigos fueran muy felices, y tuvieran el amor de otras personas y sobretodo el de ellos mismos. 
  4. Me gustaría que mi familia siguiese como está, que sean todos felices.
  5. Me gustaría aprender a cuidarme tanto como intento cuidar a los demás.
  6. Me gustaría escribir un libro precioso.
  7. Me gustaría tener una cámara de fotos y pasarme el día fotografiando toda la belleza que me envuelve.
  8. Me gustaría ser capaz de ver siempre el vaso medio lleno, o medio del todo, o que no me importase cómo de lleno está el vaso,
  9. Me gustaría ver sonreír todas las veces que pueda a cualquier persona del mundo.
  10. Me gustaría viajar a África.
  11. Me gustaría ayudar a la gente. 
  12. Me gustaría amar y ser amada.
  13. Me gustaría recordar siempre aquella historia donde todas las listas eran de trece cosas. 
Casi siempre que pedimos un deseo nos parece algo muy lejano, un imposible. 
Pero la mayoría de las veces estamos a sólo un paso de conseguirlos. O a dos, o a tres, pero podemos llegar caminando. 

Mi propósito de esta etapa es conocerme, saber lo que quiero, ir a conseguirlo. Pensar en cuál es la vida que quiero y cambiar todo lo que tenga que cambiar para que esa vida sea posible. 

Será mi metanoia. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuando se cierra una puerta

Cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana
A veces creemos que todo se ha acabado. No lo creemos, estamos convencidos.
Dejamos incluso de pensar en las posibilidades. "Ya está", nos decimos.

Y por un segundo nos invade la tristeza. La tristeza de despedirnos de una posibilidad
que antes era nuestra y que ahora ya no existe. 
En mi caso, pocas veces dura esta tristeza más que un par o tres de días.
Hay otros a los que la tristeza les dura tanto que ya no recuerdan ni siquiera la oportunidad que perdieron.

Pero no es la tristeza lo que me fascina, es la alegría que viene después.
Es la alegría de ver que no es el final, que ese final no existe.
Quizás nunca volvamos a ver aquella oportunidad que tanto anhelábamos, pero ya no nos importa.

Tenemos otras nuevas, perdemos cosas y esas pérdidas también son logros. 

Y a veces, muy pocas veces, cuando volvemos a mirar donde estaba esa oportunidad, vemos que sigue ahí.
Tal como era, tal como es. Tan aparentemente reluciente como siempre la vimos. 

Y ésa es la máxima alegría, el mejor momento. Cuando nos damos cuenta que podríamos tener aquello que perdimos, pero que perderlo nos ha hecho mejores. 
Ya no queremos esa oportunidad, ya no nos aporta nada, hemos crecido por encima de ella como un árbol crece por encima de cualquier cosa que se clave en su corteza.