Cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana
A veces creemos que todo se ha acabado. No lo creemos, estamos convencidos.
Dejamos incluso de pensar en las posibilidades. "Ya está", nos decimos.
Y por un segundo nos invade la tristeza. La tristeza de despedirnos de una posibilidad
que antes era nuestra y que ahora ya no existe.
En mi caso, pocas veces dura esta tristeza más que un par o tres de días.
Hay otros a los que la tristeza les dura tanto que ya no recuerdan ni siquiera la oportunidad que perdieron.
Pero no es la tristeza lo que me fascina, es la alegría que viene después.
Es la alegría de ver que no es el final, que ese final no existe.
Quizás nunca volvamos a ver aquella oportunidad que tanto anhelábamos, pero ya no nos importa.
Tenemos otras nuevas, perdemos cosas y esas pérdidas también son logros.
Y a veces, muy pocas veces, cuando volvemos a mirar donde estaba esa oportunidad, vemos que sigue ahí.
Tal como era, tal como es. Tan aparentemente reluciente como siempre la vimos.
Y ésa es la máxima alegría, el mejor momento. Cuando nos damos cuenta que podríamos tener aquello que perdimos, pero que perderlo nos ha hecho mejores.
Ya no queremos esa oportunidad, ya no nos aporta nada, hemos crecido por encima de ella como un árbol crece por encima de cualquier cosa que se clave en su corteza.
Molt molt ceeert! Guapa!
ResponderEliminarMe encanta preciosa, tienes mucha razón!
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